Como muchos ya sabéis durante 7 años estuve como preparador físico del primer equipo de balonmano con el objetivo personal de convivir con jugadores de Élite para poder entrenarlos 1 día.
Durante ese tiempo a menudo les preguntaba a los jugadores por lo que ellos creían que era la cualidad más importante que debía tener un entrenador de alto rendimiento. Casi todos coincidían en que para ellos era muy importante que el entrenador supiese mucho del deporte. Por ello leí, fui a clínics, estudié todo lo que pude sobre balonmano y otros deportes para poder entrenar un día a un equipo de altísimo rendimiento.
Mucho de lo que aprendí os lo estoy transmitiendo en este seminario.
Sin embargo, a medida que pasaban los años, me fui dando cuenta de una situación inexplicable: ¿Por qué los jugadores no hacen siempre lo que ellos saben que deben hacer? O en general, ¿Por qué la gente sabe que debe hacer algo, que es por su bien, y sin embargo no lo hace? Esa serie de reflexiones me llevaron a estudiar el aspecto emocional y la motivación.
MOTIVAR A LOS JUGADORES.
Todos tenemos alguna estrategia para motivar a los jugadores.
Normalmente suelen ser frases que hemos apuntado o aprendido; otros usan el castigo, otros las recompensas… todo podría llegar a tener cabida si se hace en el momento apropiado pero si una cosa he aprendido es la siguiente: solo se puede motivar a los jugadores desde su mundo. Es decir, lo que nos motiva a nosotros no tiene necesariamente que ser lo mismo que les motive a ellos. Ni lo que motiva a un jugador motiva a otro.
Con el tiempo llegué a diseñar un método simple para motivar a los jugadores. Un método que presta atención a 3 aspectos:
El entrenador.
Para motivar al equipo nosotros debemos ser los más motivados. Una forma de motivación es el contagio que transmitimos con nuestra actitud, nuestra postura, nuestro ritmo vital, nuestra empatía y nuestro optimismo.
Ellos van a jugar un papel determinante en la capacidad que tengamos para influir positivamente en los jugadores.
Las creencias que tenemos respecto a nuestro equipo deben ser expectativas positivas sobre su rendimiento. Debemos confiar siempre en el equipo.
Dejadme que os expliques el conocido como “Efecto Pigmalión” en el ámbito de la enseñanza.
A los alumnos del mismo curso de una escuela se les pasaron unos tests de inteligencia. A continuación se informó a sus profesores que los alumnos habían sido divididos en dos grupos con el objetivo de que no interfiriesen en sus aprendizajes. Se les dijo que en un grupo habían colocado a los que habían obtenido peores calificaciones mientras que en el otro grupo se habían colocado a los alumnos más brillantes. Lo cierto era que los dos grupos eran absolutamente equilibrados en cuanto a la tipología de alumnos. Esto es, la información que se dio a los profesores era falsa: los dos grupos eran iguales. Sin embargo, al acabar el curso, se volvió a pasar el test a los alumnos. El grupo de alumnos “supuestamente brillantes” obtuvo mucho mejores calificaciones que el grupo de alumnos “supuestamente menos brillantes”.
Este experimento se replicó en multitud de escuelas, siempre con el mismo resultado, lo que viene a demostrar que la expectativa que tiene el profesor de sus alumnos influye directamente en el resultad final que ellos van a alcanzar.
Haciendo un paralelismo con el entrenador y sus jugadores seguro que vamos a obtener mucho mejor rendimiento si confiamos en nuestros jugadores que si pensamos que son unos “paquetes”.
El mensaje.
El mensaje que transmitimos a los jugadores debe ser de una cierta manera en cuanto al fondo y la forma. Empecemos por la forma.
El 90% del efecto que van a producir nuestras palabras no tiene que ver tanto con lo que decimos sino con como lo decimos.
Nuestra postura, nuestra fisiología, nuestros movimientos van a suponer por lo menos el 50% de nuestro mensaje.
El otro 40% tendrá que ver con el tono de voz, las pausas, el ritmo y el tipo de palabras que escogemos. A veces una palabrota o una palabra de fuertes connotaciones (como corazón, coraje, entrega, sudar sangre, etc.) van a dar más resultado que un discurso académico.
En cuanto al fondo del mensaje este debe estar marcado por los objetivos del equipo y como estos colman las necesidades de los jugadores.
Recordad que solo podemos motivar a los jugadores desde su mundo y para ello tenemos que conocerlos en profundidad.
El mundo de los jugadores.
Es muy importante conocer exactamente porqué los jugadores están en nuestro equipo. Esa información podemos obtenerla preguntándosela directamente en una entrevista o bien realizando tareas de dinámicas de grupos donde los jugadores se presentan y hablan de sus motivaciones.
De todas maneras, por mi experiencia, hay una serie de puntos o razones que suelen motivar a los jugadores.
Los jugadores buscan seguridad: que el programa es serio, que no perderán en tiempo porqué el entrenamiento está bien preparado, conocer las razones por las que juegan o no juegan, etc.
Los jugadores también buscan variedad: que los entrenamientos no sean monótonos, que haya un cierto margen para la sorpresa (siempre durante las semanas), pasárselo bien, etc.
Otra de las cosas que buscan los jugadores es sentir que pertenecen al equipo. Es nuestra obligación hacer sentir eso a todos y cada uno de los jugadores, que no se sientan excluidos o marginados, que haya un buen ambiente en el equipo, etc.
Los jugadores tienen una gran necesidad de sentirse importantes, por ello siempre que podamos debemos reconocerles sus méritos, en su justa medida, no sea que obtengamos el efecto contrario.
Y finalmente, los jugadores también quieren ver que progresan en su carrera profesional y que mejoran física, técnica, táctica y psicológicamente. Que el programa esté bien diseñado y que esa mejora sea real va a ser una de las principales fuentes del equipo.
De estos 5 aspectos es importante que los utilicemos como trasfondo en los mensajes que lanzamos a los jugadores. No hay una regla fija para motivar más que la siguiente:
La motivación es como la ducha, se recomienda a diario.